Iron Fist y los defensores

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Con el estreno de Iron Fist, Netflix ha cerrado la primera etapa de sus series Marvel antes de reunir parte de la plantilla de superhéroes en el gran final de fiesta The Defenders. Al igual que sucede en las salas de cine, Marvel ha vuelto a ganarle la partida a DC. Frente al puñado de series de fórmula y para todos los públicos de su competidora (Supergirl, Arrow, The Flash…), el universo televisivo de Marvel en su facción Netflix ha sabido adoptar un tono más realista, menos previsible. Estos superhéroes viven en un mundo muy parecido al nuestro, verosímil, y las libertades asociadas a plataforma de streaming han permitido a sus creadores cuajar un producto mucho más convincente que sus competidores o que el resto de series que la propia Marvel tiene dispersas por los canales de televisión convencionales (Agents of S.H.I.E.L.D, Agent Carter).

Daredevil, con dos temporadas a sus espaldas, se erige como serie matriz. Fue la primera y sigue siendo la más ambiciosa, la que ofrece mayor complejidad y personajes interesantes. También es la más adulta y oscura, dos cualidades muy queridas entre los admiradores de los superhéroes. A su lado, el resto parecen subproductos creados para aprovechar el tirón comercial. A pesar de todo, hasta ahora habían logrado beneficiarse de sus propias y pintorescas características. En el caso de Jessica Jones, Krysten Ritter, su protagonista, ha sabido dar un toque de atractivo extra a un personaje con poca chicha, y el villano interpretado por David Tennant, Kilgrave, es sin duda el más terrorífico de los vistos hasta ahora. Luke Cage cuenta con un raro carácter sectorial: es un superhéroe negro inmerso en un barrio negro, y la serie que protagoniza aprovecha esta especialización en la música, puesta en escena y temáticas tratadas. Además, es un héroe a la vista de todos, sin máscara, un genuino protector del barrio, algo que lo distancia del resto.

¿Qué puede ofrecernos Iron Fist? Su mera concepción como héroe ya resulta disonante con el resto del universo Netflix: un guerrero místico educado en una ciudad celestial. El actor que interpreta a nuestro protagonista, Finn Jones, anda escaso de registros, y su personaje tampoco ayuda: Danny Rand no puede ser más aburrido y previsible, y su poder principal, ese puño iluminado que solo usa para romper cosas, especialmente puertas, y que resulta casi ridículo.

Todo esto podía haber quedado como una anécdota, son muchas las series cuyo punto flaco es precisamente su personaje principal, pero el resto no cambia de tercio. Una trama reiterativa, un puñado de secundarios poco matizados e irrelevantes, y la sensación de que en Nueva York hay demasiados superhéroes.

Visto así, podría parecer que estamos ante un desastre, pero tampoco es para tanto. La factura de Iron Fist tiene el mismo buen tono que en el resto de sus series hermanas, y los capítulos se dejan ver. Las escenas de acción mantienen el tipo de lo visto hasta ahora (aunque Finn Jones tampoco parece hecho para esto). En otra época y lugar, Iron Fist podría haber sido una buena serie, pero con la que ha caído y la que se nos viene encima, parece que llega tarde, y seguramente sobra. The Defenders no necesitan a este muchacho para ganar sus batallas y los espectadores, desde luego, tampoco.

Filmaffinity: 5.8
IMDb: 7.6

 

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