Sleeper Cell, in memoriam

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El inminente final de Homeland me ha hecho recordar una de sus precursoras, también en el canal Showtime y con una temática parecida. Sleeper Cell solo duró dos temporadas durante los años 2005 y 2006, pero causó una impresión duradera en aquellos que pudimos verla.

Sleeper Cell narraba la historia de Darwyn, un agente del FBI infiltrado en una célula yihadista. Una historia muchas veces vista pero que en esos tiempos resultaba actual y excitante. Cuatro años después del 11-S, la ficción norteamericana se atrevía a retratar las contradicciones de un policía musulmán y sus intentos por impedir atentados de gran escala. Sleeper Cell no era un alarde de realismo y mostraba un tipo de terrorismo poco representativo, pero pulsaba una realidad de por sí poco verosímil: la de un mundo donde los aviones chocaban contra las torres y los trenes explotaban.

El mayor problema de Sleeper Cell fue su excesiva lealtad a la premisa inicial. La dinámica de policía infiltrado tiene poco recorrido, y enseguida obliga a los guionistas a tirar de filigranas para poder mantenerla con vida. Fueron dos temporadas casi calcadas, dos grupos terroristas y un único infiltrado que hacía lo que podía para mantener su historia en pie. Años después, Homeland sacaría la guadaña y acabaría de un plumazo con su principal problema narrativo, el del infiltrado, que amenazaba con llevarse por delante toda la serie, pero Sleeper Cell pertenecía a otra escuela y época en la que los protagonistas solo morían, como mucho, en el último capítulo.

Sleeper Cell acabó prematuramente porque fue incapaz de cambiar de registro y quiso mantener hasta las últimas consecuencias una misma idea, pero no olvidaremos fácilmente aquellas células terroristas formadas por saudíes, excombatientes bosnios o supremacistas nazis, algo así como un catálogo de los enemigos de Israel, ni a Henri Lubatti cantando rap, un momentazo que, como todo en este serie, sucedió dos veces.

Filmaffinity: 7.1
IMDb: 8.1

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