The Hour

9xcjnunze6i0rwphc3disllgoyouhbky-xlarge.jpg

Hubo un tiempo en el que todos los canales de televisión querían tener su propio Mad Men. La serie de AMC había fijado un nuevo modelo a imitar alejado de la obsesión por el cliffhanger que había instaurado Lost o la manida temática criminal. Mad Men era una serie de época, pero de una época cercana, todavía poco manida, y estaba protagonizada por gente normal (si normal significa que no se pasan el día investigando asesinatos rituales). De Mad Men se llegó a decir que en sus capítulos nunca pasaba nada, una crítica injusta pero acertada para según que público.

Todas sus imitadoras tenían claro los ítems que debían replicar: por encima de todo, un protagonista masculino ambiguo y carismático, rodeado de una serie de contrapartes femeninos que no se redujeran al clásico papel de cuidadora/amante; la descripción de un tiempo y una profesión, con sus miserias y sus logros; el gusto por el aspecto más estético y glamuroso de las épocas de las que se ocupan. De la media docena de series que siguieron más o menos esta estructura, dos de ellas lograron encontrar su propio tono y colocarse por encima del resto. Por un lado AMC y su intento por hacer perdurar el modelo que ellos mismos habían creado, Halt and Catch Fire, que regresa la próxima semana con su cuarta y última temporada, y por otro The Hour, una producción inglesa que narraba las desventuras de un noticiario adelantado a su época durante los londinenses años 50 (tan distintos a los americanos) y en la que Dominic West ejercía de Don Draper.

The Hour se sustentaba sobre la rivalidad entre dos personalidades contrapuestas. Por un lado Hector Madden (Dominic West), el apuesto y algo frívolo presentador del programa que da nombre a la serie, y del otro Freddie Lyon (Ben Whishaw), un periodista de raza que desprecia a su antagonista pero le reconoce en secreto sus esquivos talentos. Alrededor, o por encima, unos personajes femeninos que solo son importantes sobre el papel y que terminan convirtiéndose en meras comparsas del dúo protagonista.

En cualquier caso, no son los personajes lo que más llama la atención en The Hour, sino las fricciones entre un gobierno en plena Guerra Fría que controla con mano dura la BBC y un grupo de periodistas con mayores aspiraciones de libertad en una época en la que la sociedad, definida por sus esfuerzos y sacrificios durante la Segunda Guerra Mundial, comenzaba a reclamar otro tipo de libertades y contenidos que chocaban con el terror a todo lo que oliese a comunismo.

The Hour es un intento de la BBC por entenderse a sí misma y explicar sus orígenes, que quedan cifrados en la tensión natural que se produce en un sistema cuando un poder, el cuarto poder, hasta ese momento supeditado a otras fuerzas, comienza a reclamar su independencia. Tensión es la palabra que define The Hour, constante y sin fin, personificada en sus ambiciosos personajes, decididos a terminar de una vez por todas con el conformismo que hasta ese momento campaba en el periodismo inglés, y en continua lucha contra el gobierno por esa pregunta que no pueden hacer o ese político al que no pueden investigar. Y filtrado a lo largo de sus 12 únicos capítulos, una historia ligera de espías, grandes secundarios, un par de amoríos de corte clásico y el habitual estilo y solvencia de la televisión británica.

Filmaffinity: 7.6
IMDb: 8.0

 

Anuncios

Taboo | Temporada 1

tom-hardy-taboo-fx

Taboo narra la historia de James Delaney, un viajero y comerciante británico que regresa a casa, un sucio y corrupto Londres pre-victoriano, para reclamar la herencia de su difunto padre. Le espera una medio hermana, un criado respondón y un sinfín de problemas: su diabólica reputación le precede y, para colmo, uno de los items de la herencia corresponde con un trozo de tierra en Estados Unidos que resulta clave para el devenir de la guerra anglo-estadounidense.

Tom Hardy protagoniza, produce y escribe el guión, en colaboración con su padre, basado en un relato original del propio Hardy. Estamos sin duda ante una obra personal, tal vez una obsesión. Desde los títulos de crédito hasta el último figurante todo parece cuidado y elegido con mimo. Hardy ha creado una obra a su imagen y semejanza: magnética, inteligente y, en ocasiones, excesiva.

También se ha rodeado de un elenco que fácilmente podríamos ver en cualquier película de Hollywood: Oona Chaplin, Jonathan Pryce o Franka Potente son algunos de los nombres más reconocibles. La soberbia ambientación, donde destaca ese lugar fronterizo, mitad playa mitad puerto, una especie de ciénaga seca donde los protagonistas pasan gran parte del tiempo, y las interpretaciones son su mayor virtud. El guión no escatima en giros y sorpresas, pero adolece de cierta amplitud de miras: toda la trama gira en torno a un mismo hecho, ese terreno estadounidense en posesión de Delaney que varios gobiernos y particulares quieren arrebatarle de sus manos. Es un juego del ratón y el gato donde el demoníaco personaje interpretado por Hardy siempre parece estar un paso o dos por delante.

He hablado de corrupción, de ciénagas, del demonio que es Delaney, pero podría seguir: asesinos, prostitutas, “desviados”, torturadores, y, en última instancia, el pecado de tabú que da título a la serie (totalmente desaprovechado, por cierto). La versión de Hardy del Londres de principios del siglo XIX no podría ser más oscura. Su personaje es un diablo al que todos temen, mitad hechicero mitad rey del hampa. Sus colaboradores, flor y nata de los bajos fondos, lo admiran con terror, y lo odian sus enemigos, enriquecidos esclavistas, reyes corrompidos por la enfermedad. Solo el personaje de Lorna Bow (Jessie Buckley) arroja cierta luz, pero no es suficiente: la oscuridad es opresiva y lo gobierna todo.

No hay claroscuros en Taboo, ni cambios de tercio. No hay nada excepto pesimismo, dolor y el presentimiento de una tragedia. ¿Es posible mantener un tono tan fúnebre sin resultar amanerado, o incluso ridículo? ¿Podrá una muy probable segunda temporada darnos otro espacio, otra trama y, quién sabe, un tono más matizado? Sea como fuere, estaremos ahí para comprobarlo.

Filmaffinity: 7.5
IMDb: 9.1