The Good Wife/Fight

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Hay series que plantean un enigma en los primeros cinco minutos de cada capítulo, muestran una escena costumbrista en los siguientes diez, proponen un solución al enigma en el minuto 20, otra alternativa en el 25 y la definitiva en el 30. En el 35 se resuelve todo, y aún quedan cinco minutos para desarrollar una trama relacionada con la tensión sexual entre los protagonistas. La semana siguiente vuelven a empezar. Esta estructura de hierro permite a los guionistas escribir capítulos como churros, y también series completas: solo hay que cambiarles el nombre. ¿Era The Good Wife una de estas series “procedurales”, sin alma ni la más mínima sorpresa? Lo era, no hay duda, pero también era algo más que eso, algo mejor.

The Good Wife era un plato precocinado al que añades por tu cuenta algunas verduras, especias, pollo e incluso marisco. En esencia, su manera de expresarse seguía siendo la de una serie de fórmula, pero tan manoseada, enriquecida y sazonada que por momentos parecías estar ante algo distinto. La estructura de cada capítulo no era tan rigurosa como en otras series similares, e incluso, en ocasiones, se permitían el lujo de pasar de puntillas por el caso semanal y dedicar casi todo el tiempo a las tramas de largo alcance. Era en estas historias donde The Good Wife se encontraba en su salsa. También hay que decir en su favor que nunca quisieron limitar el conflicto a la clásica tensión sexual entre los protagonistas. A lo largo de sus siete temporadas, la friolera de 156 capítulos, hubo mucho de eso, pero nunca fue lo único y, durante gran parte de la serie, ni siquiera fue lo más importante. Su fuerte apego a la actualidad (los casos casi siempre tenían relación con hechos reales y cercanos en el tiempo) también formaba parte de sus virtudes.

No era, en cualquier caso, una serie perfecta, ni siquiera dentro del rango de series al que pertenecía. Los protagonistas cambiaban de trabajo como de camisa, y volvían y revolvían sobre sus pasos para encontrarse, varios bufetes después, en el mismo sitio. Al final, ni siquiera era posible saber qué relación existía entre ellos, pero no importaba porque el guión se encargaba de ponerlos en la misma habitación una y otra vez, en ocasiones bajo las excusas más peregrinas. Y, a fin de cuentas, por mucho mimo que pusieran, seguía siendo una serie de abogados

Esta semana se ha estrenado The Good Fight, un indisimulado spin-off que pone el foco en uno de los personajes más inspirados de The Good Wife, la experimentada y progresista Diane Lockhart. Este necesario punto y aparte y el hecho de que The Good Fight esté libre de las limitaciones y censuras de la televisión convencional (será emitida a través de los canales de streaming de CBS) auguran buenas horas de drama judicial. El tiempo dirá si mejora a su predecesora, lo que, en cierta forma, la convertiría en uno de los grandes estrenos del año.