The Affair | Temporada 3

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Ha terminado la tercera temporada de The Affair con cierta imagen de conclusión. Lo que comenzó como un estudio rashomoniano sobre un adulterio con tintes trágicos ha terminado convirtiéndose en… exactamente eso mismo. Han pasado los años, las tragedias y los engaños han sido otros, pero este mismo grupo de personajes parece atrapado en este pequeño mundo que abarca Montauk y sus alrededores. Tropiezan con la misma piedra y caen en los mismos errores: Noah es idiota y Alison está loca, o viceversa, y sus respectivas parejas, madre y padre de sus hijos, siguen queriéndolos y odiándolos con la misma intensidad que en el primer capítulo. Pero la pasión y la locura empieza a apagarse.

El final de esta tercera entrega ha colocado a Noah, definitivamente, como principal y único protagonista. Por mucha intención coral que exista, y aunque las perspectivas se sigan multiplicando, dando a cada personaje su oportunidad de dar su versión de los hechos, al final nos encontramos que Noah es el centro alrededor del cual orbitan el resto de personajes. Sus victorias alteran la atmósfera de la trama, que de repente se vuelve optimista, por más que, como muestra la escena final del último capítulo, se trate de un optimismo superficial, preparado para romperse otra vez en mil pedazos. Noah parece recuperado, pero tras la esquina acecha la soledad, con sus desafíos, sus nuevos engaños y tragedias, en el palco-escénico de Montauk.

Lo que sorprende en The Affair, aparte del juego de “busca los siete errores” que se plantea entre las distintas versiones de un mismo hecho que vemos a través de los ojos de los personajes, es el fantástico uso de la elipsis. Los guionistas no escatiman en dejar enormes agujeros temporales que posteriormente rellenan con tres o cuatro pinceladas. Han pasado ¿cinco años, seis? desde aquel verano del amor en el que Noah conoció a Alison, pero cualquiera diría que fue ayer. El mundo de The Affair permanece paralizado en el tiempo y, sin embargo, profundo, matizado, en continua evolución, aunque se trate de una evolución que conduzca siempre al mismo punto de partida.

Filmaffinity: 7.2
IMDb: 8.0

 

Asesinos británicos

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Ha terminado hace un par de semanas la miniserie británica In Plain Sight UK, donde seguimos el curioso tira y afloja que durante los años cincuenta se produjo entre la policía escocesa y el asesino en serie Peter Manuel. Manuel no era un desconocido para las autoridades y, tras visitar la cárcel condenado por violación, no tardó en volver a la andadas, con el conocimiento de una policía que, según la serie, poco podía hacer ante la escasez de pruebas y la especial habilidad de Manuel para salirse con la suya. Mientras entraba y salía de la comisaría, y se burlaba y amenazaba a su principal perseguidor, se las apañó para matar, como mínimo, a ocho mujeres.

La miniserie que relata su caso es una más entre la multitud de producciones sobre asesinos que produce la televisión británica. Como las películas de samuráis de Toho o los westerns de toda la vida, pareciera que los ingleses tienen una máquina para imprimir fotogramas sobre detectives ceñudos y asesinos cruentos. El hecho de que la historia se inspire en un hecho real no cambia nada. Lo mejor, de cualquier modo, es lo extraño del caso, el hecho de que Manuel se convirtiese en enemigo público número uno, como dice el título, a la vista de todos y sin esforzarse demasiado en disimularlo.

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Esta miniserie me ha hecho recordar otra de temática parecida pero de mayor alcance. Appropriate Adult narra la inquietante relación que establecieron el asesino en serie Fred West y la asistente social que medió en su caso. Esta figura jurídica, la del “appropriate adult”, tiene como objetivo asistir a los acusados menos dotados, como era el caso de Fred West y su esposa Rose, habitantes y dueños de la casa de los horrores de la calle Gloucester, donde juntos secuestraron, torturaron y asesinaron a, al menos, trece mujeres.

Janet Leach, asistente social voluntaria, no sabía las consecuencias que tendría su participación en el caso. West, maestro de la manipulación, hizo todo lo posible por seducirla, no de manera romántica pero llevándola a su terreno, convirtiéndola en su “única amiga”. Por su parte, Leach, testigo privilegiado de la narración en primera persona de todo tipo de atrocidades, se vio presa de una especie rara de síndrome de Estocolmo, convirtiéndose en el apoyo de un monstruo que solo fue totalmente sincero ante ella, contándole algunos de sus peores crímenes, asesinatos que solo salieron a la luz cuando, rompiendo el acuerdo de confidencialidad, la propia Leach los contó a un periódico. Según sus propias palabras, ninguno de los involucrados en el caso estaba preparado para entrar en el universo moral de una persona como Fred West.

Tanto Dominic West como Emily Watson aportan calidad interpretativa, y el guión deja a un lado los asesinatos para centrarse en su relación personal, logrando un resultado perturbador y de una ambigüedad demoledora.

Filmaffinity: 6.7
IMDb: 7.6