No tan Happy Valley

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Tras el definitivo final de Fargo, es buen momento para recordar la serie que muchos han calificado como su equivalente británica: la producción de la BBC Happy Valley. Ambas comparte el gusto por el medio semirrural y por esos personajes no demasiado despiertos que, tras toda una vida como ciudadanos intachables, guiados por un arranque de ambición, estupidez o simple necesidad, se ven inmersos en crímenes horribles de impensables consecuencias.

Al igual que en aquella Fargo primigenia, la inesperada heroína de Happy Valley es una mujer de mediana edad,  ya abuela y con un pasado de desgracias alrededor del cual se articula el tema central de toda la serie. Siempre en el centro de la acción, la sargento Catherine Cawood (personaje interpretado por la multipremiada Sarah Lancarshire), lucha, llora y vuelve a luchar para sacar adelante su turbia familia y, en última instancia, resolver todos los casos que pasan por sus manos.

La prominencia de este personaje es la primera consecuencia del gran problema que lastra Happy Valley. La cantidad de personajes es muy limitada, todas las tramas, por chocantes que sean, giran en torno a un puñado de rostros conocidos de tal manera que, como sucede en muchos procedurales, cuando un personaje nuevo entra en escena es porque lo van a matar o porque es el asesino. La falta de medios y la escasa amplitud de miras convierten a Happy Valley en un entretenimiento casi teatral, limitado en el espacio y de poco recorrido.

Dejando de lado su condición de serie menor, las interpretaciones tienen suficiente carisma para atrapar al espectador, y siempre resulta refrescante salir un rato de las oscuras calles de las grandes metrópolis. El humor negro y el sarcasmo, omnipresente en Fargo, es el punto donde vemos la mayor diferencia de concepto entre ambas series: la única broma de Happy Valley está en su título.

Filmaffinity: 7.7
IMDb: 8.5

And Then There Were None

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Hace unos meses, con motivo del cincuenta aniversario de la muerte de Agatha Christie, la BBC dio una segunda oportunidad a And Then There Were None, una miniserie estrenada originalmente en 2015. Como no podía ser de otra manera, el incorrectísimo título original de la novela (Ten Little Niggers, Diez Negritos en España) deja paso al nombre que su autora dio a la obra de teatro derivada. Con un título o con otro, queda claro el mimo y la atención al detalle puestos en esta nueva adaptación del relato clásico. ATTWN es una miniserie precisa, madura y con una puesta en escena superior a la habitual en este tipo de producciones.

Aunque hay cosas que no pueden actualizarse. El férreo planteamiento original, la idea de un puñado de personajes encerrados en una trampa de la que no pueden escapar, ya no resulta tan arrebatadora. Lo hemos visto demasiadas veces, y ha sido parodiada hasta la saciedad. El guión hace un notable esfuerzo por mantener la tensión en una trama tan rematadamente predecible, y por momentos lo consigue. Pero tres horas son demasiadas para una historia tan sencilla, y nunca deja de sorprendernos, por mucha flema británica que se saquen de la manga, el sosiego con el que este grupo de dudosos invitados asumen su exterminio.

No todo es malo, al contrario. Los aficionados a la autora disfrutarán como cosacos. La complejidad de los personajes, la elegante narrativa, el soberbio elenco actoral… no han escatimado nada a la hora de ofrecer un producto de acabado superior. Convertido más en un drama psicológico que en el juego detectivesco acostumbrado, ATTWN pone el foco en la culpa y la invisibilidad de la locura, que siempre acecha. Con todas las inconveniencias heredadas de la ingenua época en la que fue escrita, ATTWN atrapa y sorprende con su certera fase final, y hace olvidar, casi siempre, que esta historia ya la conocemos.

Filmaffinity: 7.2
IMDb: 8.0

The Secret Agent

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Con el recuerdo de Guerrilla todavía vivo, es un buen momento para hablar de una miniserie estrenada el año pasado con la comparte ciertas similitudes. The Secret Agent, adaptación homónima de la novela de Joseph Conrad, también transcurre en Londres, y trata sobre esos mismos grupúsculos radicales antisistema y la guerra sucia policial contra el terrorismo. Sobre una misma base temática, sin embargo, nacen dos productos distintos, casi contrapuestos.

En este relato el enemigo es el anarquismo, y su protagonista, el señor Verloc, un agente infiltrado a sueldo de la embajada rusa. La acción transcurre durante el último tercio del siglo XIX, pero la labor desestabilizadora de su protagonista resuena con fuerza en nuestra conciencia moderna: Anton Verloc (Adolf en el original de Conrad) se dedica a provocar a los verdaderos anarquistas para que ataquen al sistema y así generar la excusa necesaria para que el gobierno inglés, penosamente tolerante, endurezca la persecución contra ellos y sus ideas.

Es complicado hablar de una serie de este tipo sin hacer referencia al texto que adapta. The Secret Agent fue uno de los primeros ejercicios literarios sobre el mundo de los espías, y cuenta con algunas reflexiones de calado atemporal que bien podrían aparecer en cualquier periódico actual. También es una gran tragedia clásica, un drama familiar y un estudio sobre la miseria humana empapado de sutileza, ironía e incluso absurdo. Pero cuando le quitas todo eso y dejas la trama desnuda, cuando la adaptas para un medio tan directo como puede ser la televisión, ¿qué te queda? Una historia sencilla, unos personajes raros y un mundo, el de los agentes secretos del XIX, demasiado ingenuo para nuestra sensibilidad. ¿Cómo va un espía a verse con sus superiores a plena luz del día, en la propia embajada? ¿Cómo es posible que todo Londres sepa de sus actividades excepto el grupo al que investiga? Y qué decir de ese puñado de anarquistas con los que convive Verloc, el tal Michaelis, descabellado apóstol de la libertad condicional, o El Profesor, un fulano que va por ahí con una bomba en la chaqueta y que se cree intocable porque si la policía intentara atraparlo la haría explotar.

Tampoco ayudan los escasos medios y las obvias limitaciones presupuestarias. Cierto acartonamiento y algunas interpretaciones dudosas se mezclan con un guión que casi siempre que quiere alejarse de Conrad fracasa estrepitosamente. The Secret Agent es una curiosidad dedicada a los lectores de la novela original que, para alguien ajeno a ella, puede resultar extraña, poco atractiva y francamente innecesaria.

Filmaffinity:
IMDb: 5.8

Taboo | Temporada 1

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Taboo narra la historia de James Delaney, un viajero y comerciante británico que regresa a casa, un sucio y corrupto Londres pre-victoriano, para reclamar la herencia de su difunto padre. Le espera una medio hermana, un criado respondón y un sinfín de problemas: su diabólica reputación le precede y, para colmo, uno de los items de la herencia corresponde con un trozo de tierra en Estados Unidos que resulta clave para el devenir de la guerra anglo-estadounidense.

Tom Hardy protagoniza, produce y escribe el guión, en colaboración con su padre, basado en un relato original del propio Hardy. Estamos sin duda ante una obra personal, tal vez una obsesión. Desde los títulos de crédito hasta el último figurante todo parece cuidado y elegido con mimo. Hardy ha creado una obra a su imagen y semejanza: magnética, inteligente y, en ocasiones, excesiva.

También se ha rodeado de un elenco que fácilmente podríamos ver en cualquier película de Hollywood: Oona Chaplin, Jonathan Pryce o Franka Potente son algunos de los nombres más reconocibles. La soberbia ambientación, donde destaca ese lugar fronterizo, mitad playa mitad puerto, una especie de ciénaga seca donde los protagonistas pasan gran parte del tiempo, y las interpretaciones son su mayor virtud. El guión no escatima en giros y sorpresas, pero adolece de cierta amplitud de miras: toda la trama gira en torno a un mismo hecho, ese terreno estadounidense en posesión de Delaney que varios gobiernos y particulares quieren arrebatarle de sus manos. Es un juego del ratón y el gato donde el demoníaco personaje interpretado por Hardy siempre parece estar un paso o dos por delante.

He hablado de corrupción, de ciénagas, del demonio que es Delaney, pero podría seguir: asesinos, prostitutas, “desviados”, torturadores, y, en última instancia, el pecado de tabú que da título a la serie (totalmente desaprovechado, por cierto). La versión de Hardy del Londres de principios del siglo XIX no podría ser más oscura. Su personaje es un diablo al que todos teme, mitad hechicero mitad rey del hampa. Sus colaboradores, flor y nata de los bajos fondos, lo temen, y lo odian sus enemigos, enriquecidos esclavistas, reyes corrompidos por la enfermedad. Solo el personaje de Lorna Bow arroja cierta luz, pero no es suficiente: la oscuridad es opresiva y lo gobierna todo.

No hay claroscuros en Taboo, ni cambios de tercio. No hay nada excepto pesimismo, dolor y el presentimiento de una tragedia. ¿Es posible mantener un tono tan fúnebre sin resultar amanerado, o incluso ridículo? ¿Podrá una muy probable segunda temporada darnos otro espacio, otra trama y, quién sabe, un tono más matizado? Sea como fuere, estaremos ahí para comprobarlo.

Filmaffinity: 7.5
IMDb: 9.1

 

 

Sherlock | Temporada 4

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Es bien sabido que tras la muerte de Sherlock Holmes en El Problema Final (1893), sus admiradores más fanáticos llenaron Londres de crespones negros en homenaje al genial detective. Fue la presión social, entre otras cosas, lo que obligó a Conan Doyle a resucitarlo y escribir sus aventuras hasta bien entrado el siguiente siglo.

Desde entonces y hasta ahora, Sherlock Holmes sigue siendo uno de los personajes preferidos del mundo occidental, tan popular que incluso hay quien olvida su carácter ficticio. La cantidad de adaptaciones que ha sufrido es abrumadora, incontable, y una de las más exitosas acaba de terminar, tal vez para siempre.

Sherlock, la adaptación de la BBC, prometía un ritmo ágil, casi desbocado, y la total modernización del mito. Las nuevas tecnologías impactan de lleno en la historia, y Watson ya no escribe folletines sobre su amigo sino un blog, y Holmes vive pegado al teléfono móvil. El ritmo de la serie es propio de las redes sociales: vertiginoso, fragmentario, lleno de trucos y fuegos de artificio. Este nuevo Holmes es además increíblemente inteligente, mucho más que cualquiera de sus iteraciones anteriores. En un segundo es capaz de deducir… cualquier cosa, en realidad, y suele gastar el resto del tiempo en relatar, a velocidad de locutor de fútbol, los vericuetos lógicos que ha seguido.

Este Holmes casi inmediato juega con ventaja, y pone el listón altísimo para los propios guionistas. ¿Qué pueden hacer ellos ante el monstruo que han creado? Todos los casos que resuelve saben a poco. Es difícil engañar a quien es capaz de deducir toda una biografía a partir de la cáscara de un limón. Para lograr algún tipo de desafío, o para dar la sensación de que Holmes encuentra alguna dificultad, cada capítulo es más enrevesado que el anterior, aunque todo quede en la superficie. Al final, los casos tienen el mismo encanto naíf que los que escribió Conan Doyle hace un siglo, pero encuadrados en un mundo muy distinto y resueltos por un personaje convertido en caricatura.

Holmes es más listo, mucho más, pero también más antisocial, más maleducado, más cualquier cosa. En este videoclip de larga duración todo es excesivo y roza lo grotesco. Sherlock, de la BBC, presenta una factura impresionante, intenta abrumarnos y lo consigue, pero no cala y sus capítulos se van de nuestra memoria tan rápido como han llegado. Lo que podría haber sido la adaptación holmesiana definitiva de nuestro tiempo, acaba por aburrirnos con su obsesión por moverse siempre a toda velocidad, sin descanso, directa al precipicio.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.2

Lo Mejor del 2016 (Bonus Track)

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War and Peace

¿Por qué esta última versión de Guerra y Paz es tan buena? La BBC tiene sobrada experiencia adaptando clásicos de la literatura mundial, pero no siempre quedan tan bien. En este caso, al excepcional elenco hay que unirle la elección del tono y dirección artística. Lejos del acartonamiento visto en otras ocasiones, esta War and Peace es totalmente natural, fluida. El secreto es sencillo: los actores, británicos en su mayoría, no fingen ser rusos. Todo es inglés en estos palacios de San Petersburgo, en estos campos de batalla napoleónicos. Lo ruso se limita a los nombres de los personajes y a la emocionante banda sonora, un sacrificio que termina compensando.

Filmaffinity: 7.3
IMDb: 8.2

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The Night Manager

En The Night Manager se cumplen y desarrollan todos los tópicos de género del infiltrado. Tenemos un malo malísimo, una conspiración que impide saber en quién puede confiar el héroe, y una subtrama sentimental que amenaza con mandar todo al garete. Pero la narración tiene nervio, las interpretaciones son creíbles (destacando el villano Hugh Laurie, que logra repugnarnos) y los giros de guión son contenidos y elegantes al más puro estilo de la televisión británica.

Filmaffinity: 7.0
IMDb: 8.2

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Stranger Things

La serie de Netflix ha sido considerada por unanimidad una de las sorpresas del año. ¿Es para tanto? La nostalgia y el homenaje continuo pueden fascinar a muchos y aburrir a unos cuantos, pero lo que de verdad enturbia Stranger Things es la sospecha de que tras ese aparataje ochentero no hay nada más. En cualquier caso, es evidente el cariño y la atención al detalle que han puesto en ella, y se echaba en falta un reparto joven tan realista y encantador. La segunda temporada decidirá si se convierte en algo más que en una curiosidad pasajera.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.0

Lo Mejor del 2016

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Horace and Pete

Horace and Pete representa el no va más de la tragicomedia moderna. Muerte, enfermedad (mental y física), asesinatos, mentiras, abandonos… ninguna desgracia queda fuera del centenario bar donde transcurre la acción. Como si fuera un reverso tenebroso de Cheers, los parroquianos de Horace and Pete son alcohólicos, charlatanes y desgraciados, y sus dueños viven obsesionados con su propio pasado de infelicidad y abusos. A pesar de todo, Horace and Pete es una comedia, y esa es la razón por la que Louis C.K. necesitaba el control total sobre su obra y terminó buscando refugio en internet: para poder abofetearnos a gusto y hacernos reír con los excesos de esta obra singular y seguramente irrepetible.

Filmaffinity: 7.9
IMDb: 8.9

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The OA

No conozco a nadie a quien el final de The OA no haya dejado un sabor agridulce, cuando no directamente una severa decepción. “Estafa” podría ser uno de las valoraciones más repetidas, y no puedo discutirlo. Pero no deberíamos olvidar que para llegar a ese ridículo final hemos tenido pasar por ocho capítulos de excelente ritmo narrativo, con excelentes e hipnóticas interpretaciones. La historia y atmósfera de The OA, su originalidad, es suficiente para colocarla entre lo mejor del año, y hacernos esperar con interés su próxima temporada.

Filmaffinity: 6.9
IMDb: 8.2

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The Night Of

HBO vuelve a darnos un drama de policías y abogados detallado y realista. A lo largo de sus ocho episodios, se desgrana cada uno de los aspectos de la implicación de un joven musulmán en el asesinato de una joven de clase alta caída en desgracia. La ambigüedad moral y las distintas caras de la justicia americana quedan representadas con atención al detalle y genuina factura clásica.

Filmaffinity: 7.9
IMDb: 8.7

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The Crown

The Crown relata el larguísimo y fecundo reinado de Isabel II, con todas sus polémicas, pequeñas revoluciones y puntos negros. La relación de la corona con el gobierno sirve como excusa para repasar el interminable catálogo de sutilezas, leyes no escritas y tradiciones que sustentan una institución como esa en un país tan aficionado a las costumbres como el británico. La excelente factura y la delicadeza de sus creadores convierte cada episodio en un placer ligero que, en ocasiones, sabe a poco. La vida de estas personas gira en torno a detalles tan nimios que, cuando se acumulan uno tras otro, pueden llegar a enervar.

Filmaffinity: 7.7
IMDb: 8.9