The Defenders

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No hace falta ser Joseph Cambell para darse cuenta que desde la antigüedad existe un modelo muy concreto de cómo se forjan los héroes. Desde Teseo a Jesucristo, pasando por Edipo y Moisés y llegando hasta Blancanieves, el camino del héroe es claro y peculiarmente repetitivo. El héroe viene precedido del presagio de su victoria sobre el poder establecido, que intenta evitar lo inevitable matándolo o expulsándolo fuera de sus dominios. El héroe, indefectiblemente, sobrevive a los pesares que el mundo le lanza, vive su infancia lejos de su tierra y termina regresando para cumplir su destino. Así ha sido siempre.

El héroe moderno, el superhéroe, recorre este camino solo a medias. Los oráculos ya no resultan tan atractivos, el mundo ya no vive pendiente de las palabras de los adivinadores. Lo que determina nuestra civilización es la indiferencia, y así es como nacen estos héroes: inadvertidos, desde lo más bajo de la sociedad, desde la desgracia.

Aunque sean modelos distintos, hay algo que los une. Lo que interesa en ambos héroes no es tanto el destino al que se dirigen sino el camino que tienen que recorrer primero. Su forja, su creación, la manera como pasaron de ser simples ciudadanos a convertirse en algo más, ahí es donde los cómics, películas y series sobre superhéroes ponen el énfasis, ahí es donde está el interés del relato. No es casual la cantidad insoportable de reinicios de las sagas más famosas. Cada cierto tiempo es necesario volver a contarnos a nosotros mismos como Peter Paker se convirtió en Spiderman, un relato del que nunca tenemos suficiente. Lo que hagan luego los héroes con sus poderes ya no importa tanto. Suelen ser invencibles, y a nadie le gusta lo evidente. El héroe interesa mientras sea vulnerable, mientras pueda ser derrotado.

Llevamos ya varios años y un puñado de series observando la creación de un supergrupo. Siempre bajo un mismo sistema de flashbacks y recuerdos, hemos visto, más o menos, el origen de varios superhéroes menos invulnerables de lo habitual, al menos en apariencia. Tras Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, y pendientes de The Punisher, aparecen todos ellos, por fin, juntitos y revueltos en The Defenders, la nueva propuesta de Netflix. Y quizás porque lo mejor, sus primeros pasos, ya lo hemos visto, resulta algo decepcionante.

Hay varios problemas implícitos en el guión. La guerra contra The Hand ya resultaba repetitiva en las series precedentes. El universo Netflix/Marvel siempre ha dado lo mejor de sí mismo en la normalidad, en el realismo, cuando el enemigo ha resultado menos místico y nuestros héroes menos poderosos, y The Hand había sido fijado como un enemigo demasiado atroz para poder vencerlo a base de mamporros.

El sistema de jerarquías también genera un problema bastante obvio. Cada uno por su lado, los héroes de Netflix podían desarrollar sus particularidades y ejercer sus talentos sin que nadie les molestase demasiado, pero cuando los juntas suceden cosas raras. Daredevil, el más carismático de todos ellos, es también el menos poderoso, de hecho no tiene ningún verdadero poder (su gran arma es que, siendo ciego, se comporta como si viese: una anormal normalidad, un ciego que parece que ve). Daredevil, desde su debilidad, es el líder y protagonista, mientras verdaderas bestias cósmicas como el sinsorgo de Iron Fist se ven obligados a permanecer en un merecido segundo plano. De Luke Cage podemos señalar que resulta muy útil cuando alguien dispara sobre el resto, y de Jessica Jones casi mejor no decir nada: es la heroína menos heroica de la historia, una guerrera que solo brilla cuando no pelea.

Batalla tras batalla, con algún giro de guión menos interesante de lo habitual, vamos poco a poco regresando a donde comenzamos, es decir, a ese mundo inamovible donde los superhéroes, una vez derrotado un enemigo, vuelven a refugiarse: a esa copia repetitiva de sí mismos que quedó fijada tras su forja como héroes. Porque al final, ese es el principal problema de una serie de larga duración sobre superhéroes, de un crossover o de lo que quieran seguir haciendo con este supergrupo de Netflix. Los superhéroes, una vez culminado su aprendizaje, nunca evolucionan, nunca cambian, siempre permanecen fieles a sus tics, a sus eternos complejos o filosofías, algo que tal vez pueda ser aceptable en los cómics, pero que resulta francamente insuficiente en la ficción televisiva. Han pasado de ciudadanos a héroes (o único que nos interesa realmente de ellos), han derrotado a un enemigo que parecía inexpugnable… ¿y ahora qué?

Cuatro tipos muy raros con escasa química, peleando otra vez contra los mismos ninjas obcecados de siempre, sin demasiada sensación de peligro a pesar de las muchas muertes y, esto es lo peor, sin que nos cuenten el origen de nada y de nadie: The Defenders ha pasado dejando una sensación más parecida a una despedida que al inicio de una saga, y con la certeza de que interesa más seguir sacando héroes, seguir contando orígenes, que regresar a unos tipos de los que ya sabemos todo.

Filmaffinity: 6.5
IMDb: 7.8

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Iron Fist y los defensores

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Con el estreno de Iron Fist, Netflix ha cerrado la primera etapa de sus series Marvel antes de reunir parte de la plantilla de superhéroes en el gran final de fiesta The Defenders. Al igual que sucede en las salas de cine, Marvel ha vuelto a ganarle la partida a DC. Frente al puñado de series de fórmula y para todos los públicos de su competidora (Supergirl, Arrow, The Flash…), el universo televisivo de Marvel en su facción Netflix ha sabido adoptar un tono más realista, menos previsible. Estos superhéroes viven en un mundo muy parecido al nuestro, verosímil, y las libertades asociadas a plataforma de streaming han permitido a sus creadores cuajar un producto mucho más convincente que sus competidores o que el resto de series que la propia Marvel tiene dispersas por los canales de televisión convencionales (Agents of S.H.I.E.L.D, Agent Carter).

Daredevil, con dos temporadas a sus espaldas, se erige como serie matriz. Fue la primera y sigue siendo la más ambiciosa, la que ofrece mayor complejidad y personajes interesantes. También es la más adulta y oscura, dos cualidades muy queridas entre los admiradores de los superhéroes. A su lado, el resto parecen subproductos creados para aprovechar el tirón comercial. A pesar de todo, hasta ahora habían logrado beneficiarse de sus propias y pintorescas características. En el caso de Jessica Jones, Krysten Ritter, su protagonista, ha sabido dar un toque de atractivo extra a un personaje con poca chicha, y el villano interpretado por David Tennant, Kilgrave, es sin duda el más terrorífico de los vistos hasta ahora. Luke Cage cuenta con un raro carácter sectorial: es un superhéroe negro inmerso en un barrio negro, y la serie que protagoniza aprovecha esta especialización en la música, puesta en escena y temáticas tratadas. Además, es un héroe a la vista de todos, sin máscara, un genuino protector del barrio, algo que lo distancia del resto.

¿Qué puede ofrecernos Iron Fist? Su mera concepción como héroe ya resulta disonante con el resto del universo Netflix: un guerrero místico educado en una ciudad celestial. El actor que interpreta a nuestro protagonista, Finn Jones, anda escaso de registros, y su personaje tampoco ayuda: Danny Rand no puede ser más aburrido y previsible, y su poder principal, ese puño iluminado que solo usa para romper cosas, especialmente puertas, y que resulta casi ridículo.

Todo esto podía haber quedado como una anécdota, son muchas las series cuyo punto flaco es precisamente su personaje principal, pero el resto no cambia de tercio. Una trama reiterativa, un puñado de secundarios poco matizados e irrelevantes, y la sensación de que en Nueva York hay demasiados superhéroes.

Visto así, podría parecer que estamos ante un desastre, pero tampoco es para tanto. La factura de Iron Fist tiene el mismo buen tono que en el resto de sus series hermanas, y los capítulos se dejan ver. Las escenas de acción mantienen el tipo de lo visto hasta ahora (aunque Finn Jones tampoco parece hecho para esto). En otra época y lugar, Iron Fist podría haber sido una buena serie, pero con la que ha caído y la que se nos viene encima, parece que llega tarde, y seguramente sobra. The Defenders no necesitan a este muchacho para ganar sus batallas y los espectadores, desde luego, tampoco.

Filmaffinity: 5.8
IMDb: 7.6

 

Samurai Gourmet

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Un hombre de cierta edad despierta y comprueba que ha dormido demasiado: va a llegar tarde al trabajo. Conociendo a los japoneses y su célebre ética laboral, parece normal su aprensión y nerviosismo, y aún más normal que tenga que ser su esposa la que le recuerde que se ha jubilado y no tiene que ir a trabajar. Tiene sesenta años y nada que hacer.

Esta mínima anécdota es toda la trama que necesitamos. A partir de ese momento, con todo el tiempo libre del mundo por delante, Toshiro Kazumi se convierte en un samurái errante en busca de la perfección comestible. Cada capítulo nos mostrará un tipo de elaboración, pero también una problemática social y cierta nostalgia de corte proustiano. Veinte minutos de tranquilo gozo en torno al placer de la comida.

No hay nada más excepto nuestro héroe y el plato que le ponen delante. Una fórmula tan sencilla podría resultar insuficiente, pero no es así. Al contrario: la fotografía de los alimentos y su elaboración es elegante y contenida, lejos de la pornografía gastronómica de los programas de cocina actuales, y relaja y excita los sentidos a la vez. La jubilosa interpretación de Naoto Takenaka es el otro placer que nos reserva Samurai Gourmet. Es imposible no disfrutar con él, compartir el gozo infinito que siente con cada bocado.

¿Y el samurái? Junto a nuestro protagonista viaja un samurái quijotesco que sirve a la vez como ejemplo a seguir y alivio cómico. Adoptando la forma de una alucinación, el samurái muestra a Kazumi la manera correcta de vivir mientras intenta sacar una sonrisa al espectador. Casi nunca molesta y, en ocasiones, resulta incluso divertido.

Esta pequeña gema que nos presenta Netflix también es pedagógica, e incluso iconoclasta: en un mundo en el que los cocineros han alcanzado el estatus de estrella del rock y la gastronomía una complejidad científica, resulta refrescante esta celebración de los sabores sencillos y las elaboraciones tradicionales.

Filmaffinity: 7.3
IMDb:

 

 

3% | Temporada 1

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La nueva serie brasileña de Netflix propone un futuro distópico en el que los jóvenes pobres son obligados a competir entre ellos en busca de un futuro mejor. Solo el tres por ciento de ellos superarán las pruebas creadas para la ocasión y pasarán a formar parte de la élite que los gobierna. Es cierto, ya hemos visto esa historia, de hecho la hemos visto varias veces, y los adolescentes incluso la han leído. ¿Hay, por lo tanto, que desechar 3%?Por supuesto que no, al contrario: hay que abrazarla mientras dure.

Estamos ante un futuro a la baja donde la tecnología y el mobiliario no parecen distintos de los que tenemos en nuestras casas, y los modernos visten con ropa sacada del Decathlon. Varios personajes y sus historias convergen en el proceso de selección, algunas menos claras que otras. No falta el grupo terrorista que quiere terminar con el sistema de clases, pero nada de eso importa. Lo que nos gusta de este tipo de relato son las barrabasadas que tienen que sufrir los chavales. Verlos luchar, matarse si es necesario, sacar lo mejor o lo peor de ellos mismos para avanzar en la selección… el sadismo de los realities elevado a una decisión de vida o muerte.

El proceso de selección se entremezcla con un relato clásico de infiltrados que conforme pasan los capítulos toma más importancia y que termina fijando los cimientos para la próxima temporada. Es en esos capítulos finales cuando la serie enseña todas sus cartas y deja entrever con acierto la ambigüedad de los postulados morales de los opresores y los oprimidos. En 3% hay suficientes lineas argumentales para sostener una nueva entrega sin necesidad de recurrir a la repetición de un nuevo proceso, pero dudo que rechacen ese caramelo: una próxima generación de jóvenes brasileños quiere formar parte del 3 por ciento, y nosotros seremos testigos de sus penurias.

Filmaffinity: 6.6
IMDb: 7.6

Lo Mejor del 2016 (Bonus Track)

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War and Peace

¿Por qué esta última versión de Guerra y Paz es tan buena? La BBC tiene sobrada experiencia adaptando clásicos de la literatura mundial, pero no siempre quedan tan bien. En este caso, al excepcional elenco hay que unirle la elección del tono y dirección artística. Lejos del acartonamiento visto en otras ocasiones, esta War and Peace es totalmente natural, fluida. El secreto es sencillo: los actores, británicos en su mayoría, no fingen ser rusos. Todo es inglés en estos palacios de San Petersburgo, en estos campos de batalla napoleónicos. Lo ruso se limita a los nombres de los personajes y a la emocionante banda sonora, un sacrificio que termina compensando.

Filmaffinity: 7.3
IMDb: 8.2

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The Night Manager

En The Night Manager se cumplen y desarrollan todos los tópicos de género del infiltrado. Tenemos un malo malísimo, una conspiración que impide saber en quién puede confiar el héroe, y una subtrama sentimental que amenaza con mandar todo al garete. Pero la narración tiene nervio, las interpretaciones son creíbles (destacando el villano Hugh Laurie, que logra repugnarnos) y los giros de guión son contenidos y elegantes al más puro estilo de la televisión británica.

Filmaffinity: 7.0
IMDb: 8.2

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Stranger Things

La serie de Netflix ha sido considerada por unanimidad una de las sorpresas del año. ¿Es para tanto? La nostalgia y el homenaje continuo pueden fascinar a muchos y aburrir a unos cuantos, pero lo que de verdad enturbia Stranger Things es la sospecha de que tras ese aparataje ochentero no hay nada más. En cualquier caso, es evidente el cariño y la atención al detalle que han puesto en ella, y se echaba en falta un reparto joven tan realista y encantador. La segunda temporada decidirá si se convierte en algo más que en una curiosidad pasajera.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.0

Lo Mejor del 2016

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Horace and Pete

Horace and Pete representa el no va más de la tragicomedia moderna. Muerte, enfermedad (mental y física), asesinatos, mentiras, abandonos… ninguna desgracia queda fuera del centenario bar donde transcurre la acción. Como si fuera un reverso tenebroso de Cheers, los parroquianos de Horace and Pete son alcohólicos, charlatanes y desgraciados, y sus dueños viven obsesionados con su propio pasado de infelicidad y abusos. A pesar de todo, Horace and Pete es una comedia, y esa es la razón por la que Louis C.K. necesitaba el control total sobre su obra y terminó buscando refugio en internet: para poder abofetearnos a gusto y hacernos reír con los excesos de esta obra singular y seguramente irrepetible.

Filmaffinity: 7.9
IMDb: 8.9

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The OA

No conozco a nadie a quien el final de The OA no haya dejado un sabor agridulce, cuando no directamente una severa decepción. “Estafa” podría ser uno de las valoraciones más repetidas, y no puedo discutirlo. Pero no deberíamos olvidar que para llegar a ese ridículo final hemos tenido pasar por ocho capítulos de excelente ritmo narrativo, con excelentes e hipnóticas interpretaciones. La historia y atmósfera de The OA, su originalidad, es suficiente para colocarla entre lo mejor del año, y hacernos esperar con interés su próxima temporada.

Filmaffinity: 6.9
IMDb: 8.2

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The Night Of

HBO vuelve a darnos un drama de policías y abogados detallado y realista. A lo largo de sus ocho episodios, se desgrana cada uno de los aspectos de la implicación de un joven musulmán en el asesinato de una joven de clase alta caída en desgracia. La ambigüedad moral y las distintas caras de la justicia americana quedan representadas con atención al detalle y genuina factura clásica.

Filmaffinity: 7.9
IMDb: 8.7

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The Crown

The Crown relata el larguísimo y fecundo reinado de Isabel II, con todas sus polémicas, pequeñas revoluciones y puntos negros. La relación de la corona con el gobierno sirve como excusa para repasar el interminable catálogo de sutilezas, leyes no escritas y tradiciones que sustentan una institución como esa en un país tan aficionado a las costumbres como el británico. La excelente factura y la delicadeza de sus creadores convierte cada episodio en un placer ligero que, en ocasiones, sabe a poco. La vida de estas personas gira en torno a detalles tan nimios que, cuando se acumulan uno tras otro, pueden llegar a enervar.

Filmaffinity: 7.7
IMDb: 8.9