Gangland Undercover camino del final

gangland_undercover__photo_1.jpg

Charles Falco fue un confidente de la policía que durante los primeros años de la década pasada se infiltró en algunas de las más peligrosas bandas de moteros de Estados Unidos, las así llamadas “one percenter”, orgullosa ironía a propósito del famoso comentario de la Asociación Estadounidense de Motociclismo sobre la honradez del 99 por ciento de los moteros. A principios de 2015, History Channel retrató su primera incursión en una de estas bandas, la denominada Vagos. Nunca pensé que aquella extraña serie a medio camino entre la ficción y el documental (el propio Falco aparece en la serie) pasara de una primera entrega, pero la sorpresa ha llegado casi dos años después con una segunda temporada más pulida y centrada en su investigación sobre MongolsOutlaws y, lo que es aún más chocante, con la promesa, telegrafiada en el nuevo arco argumental, de una tercera.

Gangland Undercover reproduce con seguridad los tópicos del subgénero del infiltrado. Dentro de la organización criminal, Falco las pasa canutas, y cada capítulo supone la promesa de un desastre. Buenos y malos desconfían de él y, para colmo, sus relaciones personales terminan inmiscuyéndose en el trabajo. Ya ni siquiera sabe quiénes son sus amigos.

En circunstancias normales, este tipo de temática no suele tener mucho recorrido, pero Gangland Undercover tiene la ventaja de estar basada en hechos reales, lo que ayuda a contener la imaginación de los guionistas (uno de ellos el propio Falco) y les evita introducirse en demasiados callejones sin salida.

Macarrismo, frases lapidarias y un infiltrado muy resultón es todo cuanto Gangland Undercover puede ofrecernos y, teniendo en cuenta su economía de medios y escasa ambición, no parece poca cosa. La tercera temporada dará el necesario cierre a esta historia de paranoia, traición y gente que se libra por los pelos.

Filmaffinity: 7.1
IMDb: 8.4

Anuncios