The Walking Dead en coma

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“Negan, prefiero que me mates antes de seguir escuchándote”. Éste es el sentimiento que la primera parte de la séptima temporada de  The Walking Dead dejó en gran parte de sus seguidores. Esta noche regresa para comenzar a finiquitar, esperemos, el arco argumental de Los Salvadores. No ha sido la peor temporada, pero Negan sí que puede presumir de ser uno de los villanos más cargantes de la ya larga trayectoria de villanos cargantes en The Walking Dead. Recostado sobre sí mismo, con su sonrisita de pánfilo y diciendo chorradas: así recordaremos a Negan cuando ya no esté. Si todo sale bien, le quedan ocho episodios.

O quizás le queden muchos más. En The Walking Dead también están acostumbrados a alargar la vida de los villanos hasta el hartazgo. Sea como fuere, el predecible final de Negan supone, para los seguidores del cómic, un plus de interés. Sin necesidad de entrar en detalles, tras la trama de Los Salvadores, el cómic sufre un cambio radical que, imagino, no serán capaces de trasladar a la serie, cobardona casi siempre. Pero, al menos durante esta media temporada, podemos soñar con ello. Tal vez, por una vez, los guionistas se decidan a hacer algo que no haya sido visto miles de veces.

The Walking Dead es una de las series de más éxito de la parrilla, y también un de las más criticadas por sus propios seguidores. Su lentitud exasperante, los interminables diálogos, las interpretaciones fúnebres de sus protagonistas… siempre se ha salvado por sus finales de temporada, pequeñas gemas del género zombie, y porque, al final, el mundo de los caminantes no deja de ser un sitio muy interesante aunque esté habitado por gente bastante lerda. Se les perdona.

Filmaffinity: 7.2
IMDb: 8.6

The Affair | Temporada 3

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Ha terminado la tercera temporada de The Affair con cierta imagen de conclusión. Lo que comenzó como un estudio rashomoniano sobre un adulterio con tintes trágicos ha terminado convirtiéndose en… exactamente eso mismo. Han pasado los años, las tragedias y los engaños han sido otros, pero este mismo grupo de personajes parece atrapado en este pequeño mundo que abarca Montauk y sus alrededores. Tropiezan con la misma piedra y caen en los mismos errores: Noah es idiota y Alison está loca, o viceversa, y sus respectivas parejas, madre y padre de sus hijos, siguen queriéndolos y odiándolos con la misma intensidad que en el primer capítulo. Pero la pasión y la locura empieza a apagarse.

El final de esta tercera entrega ha colocado a Noah, definitivamente, como principal y único protagonista. Por mucha intención coral que exista, y aunque las perspectivas se sigan multiplicando, dando a cada personaje su oportunidad de dar su versión de los hechos, al final nos encontramos que Noah es el centro alrededor del cual orbitan el resto de personajes. Sus victorias alteran la atmósfera de la trama, que de repente se vuelve optimista, por más que, como muestra la escena final del último capítulo, se trate de un optimismo superficial, preparado para romperse otra vez en mil pedazos. Noah parece recuperado, pero tras la esquina acecha la soledad, con sus desafíos, sus nuevos engaños y tragedias, en el palco-escénico de Montauk.

Lo que sorprende en The Affair, aparte del juego de “busca los siete errores” que se plantea entre las distintas versiones de un mismo hecho que vemos a través de los ojos de los personajes, es el fantástico uso de la elipsis. Los guionistas no escatiman en dejar enormes agujeros temporales que posteriormente rellenan con tres o cuatro pinceladas. Han pasado ¿cinco años, seis? desde aquel verano del amor en el que Noah conoció a Alison, pero cualquiera diría que fue ayer. El mundo de The Affair permanece paralizado en el tiempo y, sin embargo, profundo, matizado, en continua evolución, aunque se trate de una evolución que conduzca siempre al mismo punto de partida.

Filmaffinity: 7.2
IMDb: 8.0

 

Otra vez Homeland

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(Contiene espoilers de las primeras cinco temporadas de Homeland)

Una pregunta recorre las tascas, oficinas y círculos de amigos de todo el país: ¿será capaz Homeland de cambiar de piel otra vez? La premisa inicial se sustentaba sobre un secreto y una relación, la de Brody y Carrie, que, tras la magnífica primera temporada y desvelado el pastel, solo podía alargarse mediante artificios y trampas. Aquella relación tortuosa se alargó más de lo recomendable, pero podía haber sido mucho peor. Por una vez, se puso por delante la consistencia del guión y tuvo lugar la polémica muerte de Brody, el sacrificio de un hilo argumental que podía resultar exitoso de cara a las audiencias pero que estaba hipotecando la credibilidad y recorrido de la serie.

Con Brody fuera de escena, Carrie y los nuevos arcos argumentales se las apañaron para mejorar lo que había quedado de serie. Desde entonces, los años han seguido pasando y ya casi nadie se acuerda de Brody y su irritante hija. Hace ya mucho tiempo que Homeland no es la serie de un yihadista infiltrado y su perseguidora/amante, sino otra cosa mucho más amplia, sin los lastres y limitaciones de la premisa inicial. Homeland, sin tales cortapisas, ha podido crecer hasta convertirse en la serie de espías (perdón: de analistas) de referencia.

Sin embargo, Homeland vuelve a encontrarse ante una encrucijada. La última temporada asistimos a los inicios de Carrie en el mundo de la seguridad privada. El asunto no acabó especialmente bien, y sus salidas laborales comienzan a verse reducidas, especialmente las que tienen algo que ver con la CIA, la otra pata de esta mesa. Ya dejó claro que no quiere volver a la Agencia, o que no debería volver: nadie confía en ella, o nadie debería, por más que casi siempre tenga razón. Carrie es, hoy en día, un personaje demasiado complicado, con tantas cargas y limitaciones que obligan a los guionistas a realizar verdaderas piruetas para que Homeland siga siendo, más o menos, la misma serie.

Ahora toca elegir. Desconozco los planes de Showtime pero, a las alturas de la sexta temporada, es posible que sea el momento de empezar a buscar la salida, porque tal vez no sea un cambio de piel lo que necesite Homeland sino el fundido en negro definitivo.

Filmaffinity: 7.7
IMDb: 8.4

Sherlock | Temporada 4

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Es bien sabido que tras la muerte de Sherlock Holmes en El Problema Final (1893), sus admiradores más fanáticos llenaron Londres de crespones negros en homenaje al genial detective. Fue la presión social, entre otras cosas, lo que obligó a Conan Doyle a resucitarlo y escribir sus aventuras hasta bien entrado el siguiente siglo.

Desde entonces y hasta ahora, Sherlock Holmes sigue siendo uno de los personajes preferidos del mundo occidental, tan popular que incluso hay quien olvida su carácter ficticio. La cantidad de adaptaciones que ha sufrido es abrumadora, incontable, y una de las más exitosas acaba de terminar, tal vez para siempre.

Sherlock, la adaptación de la BBC, prometía un ritmo ágil, casi desbocado, y la total modernización del mito. Las nuevas tecnologías impactan de lleno en la historia, y Watson ya no escribe folletines sobre su amigo sino un blog, y Holmes vive pegado al teléfono móvil. El ritmo de la serie es propio de las redes sociales: vertiginoso, fragmentario, lleno de trucos y fuegos de artificio. Este nuevo Holmes es además increíblemente inteligente, mucho más que cualquiera de sus iteraciones anteriores. En un segundo es capaz de deducir… cualquier cosa, en realidad, y suele gastar el resto del tiempo en relatar, a velocidad de locutor de fútbol, los vericuetos lógicos que ha seguido.

Este Holmes casi inmediato juega con ventaja, y pone el listón altísimo para los propios guionistas. ¿Qué pueden hacer ellos ante el monstruo que han creado? Todos los casos que resuelve saben a poco. Es difícil engañar a quien es capaz de deducir toda una biografía a partir de la cáscara de un limón. Para lograr algún tipo de desafío, o para dar la sensación de que Holmes encuentra alguna dificultad, cada capítulo es más enrevesado que el anterior, aunque todo quede en la superficie. Al final, los casos tienen el mismo encanto naíf que los que escribió Conan Doyle hace un siglo, pero encuadrados en un mundo muy distinto y resueltos por un personaje convertido en caricatura.

Holmes es más listo, mucho más, pero también más antisocial, más maleducado, más cualquier cosa. En este videoclip de larga duración todo es excesivo y roza lo grotesco. Sherlock, de la BBC, presenta una factura impresionante, intenta abrumarnos y lo consigue, pero no cala y sus capítulos se van de nuestra memoria tan rápido como han llegado. Lo que podría haber sido la adaptación holmesiana definitiva de nuestro tiempo, acaba por aburrirnos con su obsesión por moverse siempre a toda velocidad, sin descanso, directa al precipicio.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.2

Good Behavior | Temporada 1

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Un asesino a sueldo y una ladronzuela ex-adicta a las drogas viven aventuras en medio de un tira y afloja sentimental… poco después de comenzar Good Behavior, la rebuscada premisa inicial queda reducida a la anécdota. El asesino interpretado por Juan Diego Botto deja de matar en el segundo capítulo, y lo hace por amor. La tensión sexual no resuelta, por lo tanto, también se difumina casi desde el principio, dejando a Michelle Dockery, una white trash muy lista y de pasado escabroso, sola para tirar del carro. Son sus problemas familiares y con la justicia el material del que está hecha la serie.

Para colmo, el desarrollo de los capítulos mantiene una integridad monolítica. Si comienzan en un bar, terminan en el bar, dejando poco espacio para la evolución de la trama. El asesino, reconvertido en chófer y apoyo sentimental de la ladrona, nos pasea por una serie de escenarios donde transcurren los conflictos, en ocasiones nimios. Los personajes que encontramos allí, en contraste, resultan radicales, excesivos, como si los guionistas intentaran rebajar el almíbar general con escenas chocantes y extremas.

Good Behavior es lo que pasa cuando introduces a los personajes de The Wire en el pueblo de las chicas Gilmore. Lineal y carente de cualquier aliciente extra, te acostumbras a desear que el capítulo acabe para que el próximo traiga alguna novedad, y terminas olvidando a dónde van esas personas y qué diablos haces tú observándolas.

Filmaffinity: 6.6
IMDb: 8.2

3% | Temporada 1

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La nueva serie brasileña de Netflix propone un futuro distópico en el que los jóvenes pobres son obligados a competir entre ellos en busca de un futuro mejor. Solo el tres por ciento de ellos superarán las pruebas creadas para la ocasión y pasarán a formar parte de la élite que los gobierna. Es cierto, ya hemos visto esa historia, de hecho la hemos visto varias veces, y los adolescentes incluso la han leído. ¿Hay, por lo tanto, que desechar 3%?Por supuesto que no, al contrario: hay que abrazarla mientras dure.

Estamos ante un futuro a la baja donde la tecnología y el mobiliario no parecen distintos de los que tenemos en nuestras casas, y los modernos visten con ropa sacada del Decathlon. Varios personajes y sus historias convergen en el proceso de selección, algunas menos claras que otras. No falta el grupo terrorista que quiere terminar con el sistema de clases, pero nada de eso importa. Lo que nos gusta de este tipo de relato son las barrabasadas que tienen que sufrir los chavales. Verlos luchar, matarse si es necesario, sacar lo mejor o lo peor de ellos mismos para avanzar en la selección… el sadismo de los realities elevado a una decisión de vida o muerte.

El proceso de selección se entremezcla con un relato clásico de infiltrados que conforme pasan los capítulos toma más importancia y que termina fijando los cimientos para la próxima temporada. Es en esos capítulos finales cuando la serie enseña todas sus cartas y deja entrever con acierto la ambigüedad de los postulados morales de los opresores y los oprimidos. En 3% hay suficientes lineas argumentales para sostener una nueva entrega sin necesidad de recurrir a la repetición de un nuevo proceso, pero dudo que rechacen ese caramelo: una próxima generación de jóvenes brasileños quiere formar parte del 3 por ciento, y nosotros seremos testigos de sus penurias.

Filmaffinity: 6.6
IMDb: 7.6

Lo Mejor del 2016 (Bonus Track)

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War and Peace

¿Por qué esta última versión de Guerra y Paz es tan buena? La BBC tiene sobrada experiencia adaptando clásicos de la literatura mundial, pero no siempre quedan tan bien. En este caso, al excepcional elenco hay que unirle la elección del tono y dirección artística. Lejos del acartonamiento visto en otras ocasiones, esta War and Peace es totalmente natural, fluida. El secreto es sencillo: los actores, británicos en su mayoría, no fingen ser rusos. Todo es inglés en estos palacios de San Petersburgo, en estos campos de batalla napoleónicos. Lo ruso se limita a los nombres de los personajes y a la emocionante banda sonora, un sacrificio que termina compensando.

Filmaffinity: 7.3
IMDb: 8.2

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The Night Manager

En The Night Manager se cumplen y desarrollan todos los tópicos de género del infiltrado. Tenemos un malo malísimo, una conspiración que impide saber en quién puede confiar el héroe, y una subtrama sentimental que amenaza con mandar todo al garete. Pero la narración tiene nervio, las interpretaciones son creíbles (destacando el villano Hugh Laurie, que logra repugnarnos) y los giros de guión son contenidos y elegantes al más puro estilo de la televisión británica.

Filmaffinity: 7.0
IMDb: 8.2

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Stranger Things

La serie de Netflix ha sido considerada por unanimidad una de las sorpresas del año. ¿Es para tanto? La nostalgia y el homenaje continuo pueden fascinar a muchos y aburrir a unos cuantos, pero lo que de verdad enturbia Stranger Things es la sospecha de que tras ese aparataje ochentero no hay nada más. En cualquier caso, es evidente el cariño y la atención al detalle que han puesto en ella, y se echaba en falta un reparto joven tan realista y encantador. La segunda temporada decidirá si se convierte en algo más que en una curiosidad pasajera.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.0