Ascenso y Caída de Twin Peaks

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Mis primeros recuerdos de Twin Peaks son nebulosos, casi inservibles. Como una leyenda mítica vienen a mi memoria imágenes que años más tarde revisitaría de diversas maneras: un enano sobre fondo rojo, un guapo agente federal, un aserradero. Años después de su primera emisión tuve la oportunidad de hacerme con la serie completa en VHS y devorarla de corrido, tal y como se estila en la actualidad con las producciones de las plataformas de streaming. Ha pasado mucho tiempo, casi 20 años desde entonces, pero sigue viva en mi memoria gran parte de la trama, algunos personajes memorables, alguna escena de impacto. ¡Recuerdo, incluso, quién mató a Laura Palmer! También conservo dos percepciones que tuve entonces y contra las que ahora mismo no podría presentar nuevas pruebas o argumentos: que los capítulos dirigidos por Mark Frost eran mejores y que lo onírico, lo raro, funcionaba cuando matizaba la trama principal, cuando la enriquecía con ese único tono siniestro marca de la casa de David Lynch, pero llegaba a aburrir cuando tomaba el control y se adueñaba de la narración.

El esperado estreno de la tercera temporada ha llegado y no sé qué esperar. Si de lo que se trata es de volver al desbarre y aprovechar un título mítico para disimular la falta de ideas de la industria del entretenimiento, que se olviden de mi: no quiero saber nada de sus sueños locos y del agotador esoterismo de Fire Walk with Me. Pero si el plan es volver a Twin Peaks a saludar a ese inquietante hatajo de vecinos, con sus secretos absurdos; si vamos a volver a pasear por las montañas y entre los pormenores del aserradero mientras suenan las partituras de Angelo Badalamenti; si van a volver a plantearnos algún enigma insoluble, y si el agente Cooper viene a resolver un caso y no a dudar de los límites de la existencia… entonces pueden contra conmigo, aunque eso supusiera traicionar las ambiciones vanguardistas de Lynch y romper con la evolución de la serie. No quiero mareos.

* * *

Entre el texto anterior y el que sigue han pasado cuatro capítulos del regreso de Twin Peaks, un sinfín de diálogos grabados al revés, mucha cortina roja y algunas escenas interesantes, otras de las que me gustaría saber más, y muchas, demasiadas, que me invitan a saltarme los 14 capítulos que restan de esta tercera temporada.

No se le puede negar a David Lynch la imaginación y el gusto por ir más allá de lo establecido. No existe ningún otro Twin Peaks, y no volverá a existir. Nadie tendrá el poder suficiente y las ganas de pergeñar semejante serie de siniestras incoherencias. La libertad, la diferencia, la valentía son cualidades que salen a relucir cada vez que se habla de este nuevo Twin Peaks, más Twin Peaks que nunca, como diría el locutor. ¿Pero es suficiente? ¿Aporta algo?

El problema ya no es solo la escasa ligazón que parece existir entre las secuencias que componen estos nuevos capítulos, o las arbitrariedades del guión. Podría haber perdonado incluso las malas decisiones, bastante obvias, como la de ese nuevo y atontado Dale Cooper, o el peculiar sentido del humor, que desanclado de una ambientación costumbrista resulta torpe y poco gracioso.

A Twin Peaks le puedo perdonar muchas cosas excepto que deje de ser Twin Peaks. Lo que molesta, o debería molestar a los fans (reconozco que han demostrado grandes tragaderas), es lo que se ha perdido en el camino. Porque Twin Peaks no solo eran los gestos raros y las escenas oníricas, era mucho más. ¿Qué equivalencias encontramos en esta nueva temporada con las deliciosas y seductoras apariciones de Audrey, y su terrible final? ¿Dónde están los pasteles que devoraba Cooper, el estupor que causó su aparición? ¿Y Diane? ¿Y el misterio?

La nueva Twin Peaks destila ese aroma de terror siniestro y arbitrario que siempre ha trabajado Lynch, pero deja en el tamiz residuos que, al parecer, casi nadie echa de menos y que no estaban ahí solo para darle atractivo mediático a la serie. La investigación del asesinato de Laura Palmer no era solo una excusa para que Lynch planteara sus descabelladas teorías sobre los universos paralelos, no era simple alivio dramático entre pesadilla y pesadilla creado tan solo para que ayudase a digerir lo importante: el relato detectivesco era la misma esencia de Twin Peaks, una historia necesaria para que esa increíble mezcla de intriga, humor y terror tuviese sentido.

Filmaffinity: 8.4
IMDb: 9.3

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2 comentarios en “Ascenso y Caída de Twin Peaks”

  1. Hola!
    Buena entrada, puedo entender tu punto de vista aunque no lo comparto y en mi opinión no veo ninguna caída en lo referente a la trama, dirección o interpretación.
    Además, esta tercera entrega de Twin Peaks realmente mejora mucho en el capítulo seis y especialmente en el siete; yo diría que mejora semana a semana como si se estuviera cocinando a fuego lento.
    Sobre lo de “ese nuevo y atontado Dale Cooper” tienes que creerme si digo que merecerá la pena, al final, siempre merece la pena.
    Saludos!

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    1. La verdad es que lo que vi me dejó con pocas ganas de darle ese margen para ver si mejoraba, pero siempre está la posibilidad de volver a ella. Por ahora voy a dejar que termine y tal vez en el futuro me replantee darle una segunda portunidad, a ver si es cierto que merece la pena.

      ¡Gracias por comentar!

      Le gusta a 1 persona

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