Sherlock | Temporada 4

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Es bien sabido que tras la muerte de Sherlock Holmes en El Problema Final (1893), sus admiradores más fanáticos llenaron Londres de crespones negros en homenaje al genial detective. Fue la presión social, entre otras cosas, lo que obligó a Conan Doyle a resucitarlo y escribir sus aventuras hasta bien entrado el siguiente siglo.

Desde entonces y hasta ahora, Sherlock Holmes sigue siendo uno de los personajes preferidos del mundo occidental, tan popular que incluso hay quien olvida su carácter ficticio. La cantidad de adaptaciones que ha sufrido es abrumadora, incontable, y una de las más exitosas acaba de terminar, tal vez para siempre.

Sherlock, la adaptación de la BBC, prometía un ritmo ágil, casi desbocado, y la total modernización del mito. Las nuevas tecnologías impactan de lleno en la historia, y Watson ya no escribe folletines sobre su amigo sino un blog, y Holmes vive pegado al teléfono móvil. El ritmo de la serie es propio de las redes sociales: vertiginoso, fragmentario, lleno de trucos y fuegos de artificio. Este nuevo Holmes es además increíblemente inteligente, mucho más que cualquiera de sus iteraciones anteriores. En un segundo es capaz de deducir… cualquier cosa, en realidad, y suele gastar el resto del tiempo en relatar, a velocidad de locutor de fútbol, los vericuetos lógicos que ha seguido.

Este Holmes casi inmediato juega con ventaja, y pone el listón altísimo para los propios guionistas. ¿Qué pueden hacer ellos ante el monstruo que han creado? Todos los casos que resuelve saben a poco. Es difícil engañar a quien es capaz de deducir toda una biografía a partir de la cáscara de un limón. Para lograr algún tipo de desafío, o para dar la sensación de que Holmes encuentra alguna dificultad, cada capítulo es más enrevesado que el anterior, aunque todo quede en la superficie. Al final, los casos tienen el mismo encanto naíf que los que escribió Conan Doyle hace un siglo, pero encuadrados en un mundo muy distinto y resueltos por un personaje convertido en caricatura.

Holmes es más listo, mucho más, pero también más antisocial, más maleducado, más cualquier cosa. En este videoclip de larga duración todo es excesivo y roza lo grotesco. Sherlock, de la BBC, presenta una factura impresionante, intenta abrumarnos y lo consigue, pero no cala y sus capítulos se van de nuestra memoria tan rápido como han llegado. Lo que podría haber sido la adaptación holmesiana definitiva de nuestro tiempo, acaba por aburrirnos con su obsesión por moverse siempre a toda velocidad, sin descanso, directa al precipicio.

Filmaffinity: 8.0
IMDb: 9.2

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